Curiosidades: Te has preguntado ¿Por que sabe rara la comida de avión?

Oiremos pocas loas a un menú de avión. Lo que sorprende, de hecho, es encontrarse con algo realmente grato. Es difícil pensar que esa comida vaya a quedarse grabada en la memoria gustativa. Y eso, a pesar de que —reconozcámoslo— no solemos dejar ni el sobre de mantequilla.

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Aunque pueda variar de una compañía a otra, el sabor es más o menos similar y factores como la altura, el ruido o el espacio cerrado podrían ser los causantes de provocar ese rechazo gastronómico. Porque no solo la comida influye en nuestro paladar.

El sentido del gusto muchas veces se queda en tierra cuando despegamos. Así lo apunta un estudio publicado en International Journal of Gastronomy and Food Science: «La comida y la bebida saben diferente en el cielo». Y los motivos, explica Charles Spence, el líder de la investigación y profesor de Psicología Experimental en la Universidad de Oxford, son «la falta de humedad, la baja presión del aire y el ruido del motor».

La falta de humedad reduce la capacidad olfativa

Lo primero que se ve afectado es el olfato. «Cuando el avión se va elevando, la presión del aire disminuye y la humedad cae en picado», afirma Spence. La sequedad que se produce por el cambio en el ambiente afecta a la mucosa nasal y hace que el este sentido tan importante para saborear los alimentos deje de funcionar correctamente. Consecuencia: se reduce el gusto y dejamos de percibir parte del sabor de los alimentos.

Esto no le quita razón a la opinión de Miguel Ángel Lurueña, tecnólogo de alimentos y creador del blog Gominolas de Petróleo, «las recetas y los ingredientes de las comidas que se sirven en la mayoría de los aviones no ganarían una estrella Michelin». Pero sí hace que «percibamos con menor intensidad sabores como el salado y el dulce, y con mayor el umami [el que se conoce como ‘quinto sabor’ es ese regusto que dejan alimentos tan distintos como el queso parmesano, las anchoas, los espárragos, los tomates, la carne, la salsa de soja o el jamón ibérico]». También aumenta notamos más el ácido, amargo o picante, según descubrió otra investigación del Fraunhofer Institute for Building Physics junto a la compañía aérea Lufthansa.

Esto explica cosas como que «el tomate sepa tan bien en los aviones», dice Spence, o que algunas empresas aumenten los condimentos de las comidas para «garantizar que tengan buen sabor en el aire», según afirmó para la BBCRuss Brown, miembro del servicio de hostelería de American Airlines: «A menudo, las recetas se modifican con sal o ingredientes adicionales para inducir a una atmósfera de comedor casero en la cabina».

Las aerolíneas crean una atmósfera para que el cerebro saboree mejor

Y no todo está en los alimentos, el cerebro tiene mucho que decir: «Tiene un papel muy activo en la percepción», aclara el doctor en neurociencia y autor de El cerebro. Descifrar y potenciar nuestro órgano más complejo, José Viosca Ros.

Para exprimir el cerebro y aprovechar la exaltación del umami en las papilas, algunas aerolíneas han empezado a aclimatar el momento del almuerzo a bordo. Prueban combinaciones de música relajante con alimentos ricos en umami —como las espinacas o algas— y hasta repartiendo inhaladores nasales para aclarar las fosas. «También se cambia la cubertería», asegura el autor del estudio porque dice: «No sabe igual la comida con un tenedor y un cuchillo pesados que unos de plástico livianos».

Cambian las cantidades y la preparación

A toda esta combinación de factores se suma un obstáculo bastante obvio: no es lo mismo preparar comida para una familia que para centenares de pasajeros, ni servirla a pie de calle que en un avión, donde se calienta con un horno de aire seco. Las bandejas suben a bordo preparadas y envasadas y llegan a nuestros asientos recalentadas.

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“Los chefs de aerolíneas son únicos porque producen recetas en masa para miles de clientes”, decía Russ Brown en el texto citado. “Muchas veces el producto final no es lo que se planificó originalmente debido a agentes fuera del control del cocinero. Diseñamos alimentos con ingredientes y empaques que sabemos que pueden sobrevivir el largo proceso entre la preparación de los alimentos y la entrega”. De ahí también la importancia de intentar engañar al cerebro con toda una serie de factores añadidos.

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En definitiva, resume Viosca, todo influye: “Una menor presión del aire en la cabina, menos humedad, la ansiedad de los pasajeros, una cubertería y vasos de material ligero y de mala calidad, falta de un nombre descriptivo del plato o la falta de interacción social durante la comida”. “Todo esto se ha estudiado y parece ser que influye en la percepción del sabor, pero yo añadiría algo adicional: la relación entre la calidad y el precio no es la más idónea”. Y zanja el tema: “Para lo que sirven, el precio, en ocasiones excesivo, no ayuda especialmente a ofrecer una experiencia gastronómica demasiado placentera”.

Las dos comidas que deberías pedir en un avión

ComidaDesde que los hermanos Wright crearon el avión, las aeronaves han ido a mejor. Son más amplias, pueden hacer viajes más largos y ofrecen muchas comodidades. Aunque, paradójicamente, la comida de los aviones cada vez es peor. Esta fama ha provocado que en más de una ocasión haya sido objeto de burla.

Pese a esto, Fritz Gross, director de excelencia culinaria en LSG Sky Chefs Asia Pacific, asegura que hay dos platos que se salvan de la quema: el estofado y el arroz frito; y recomienda evitar a toda costa la pasta, ya que se debe cocinar al dente para que tenga buen sabor y en los aviones no suele hacerse.

La pasta es uno de los platos menos recomendados

“Podemos hervir el estofado a fuego lento y recalentarlo una y otra vez, seguirá siendo un (buen) guiso”, aseguró Gross a CNN. La razón principal es que, al recalentarlo, las verduras consiguen conservar su textura. En el caso de no poder comer estofado, el arroz frito es una buena opción por la retención de humedad.

La clave es pedir comida que conserve sus propiedades cuando se recalienta. Y es que para los cocineros de los aviones el sabor no es la prioridad. No por que no quieran, sino por obligación: “las técnicas de cocina deben quedarse en tierra, ya que la seguridad es lo primero”, algo que no impide que la comida sea 100% comestible.

Pero, ¿qué se debe temer o vigilar? Principalmente, la tranquilidad de los pasajeros. “Cuando se encienden los hornos, hay turbulencias”, explica Gross. Es decir, cocinar según que plato puede encender una que otra alarma entre los viajeros.

De todos modos, el experto cree que no se debe ser exigente con la comida que ofrecen, ya que los aviones son, al fin y al cabo, un medio de transporte.“No somos un restaurante”, dice. No se pueden permitir trabajar como los restaurantes ya que no compran sus productos por la mañana y deciden el mismo día cuál será el menú. De hecho, los menús suelen planificarse hasta un año antes.

Encender los hornos puede provocar una turbulencia

Por esta razón, los ingredientes deben comprarse con anticipación y pasar posteriormente una evaluación. Si alguno de los ingredientes resulta ser un riesgo, el menú cambia.“Tenemos que encontrar alimentos que sean aceptados debido a la elección limitada”, añade.

Gross entiende las quejas pero se escuda en las normas que imponen las aerolíneas y pone de ejemplo un postre que se prohibió por ser caliente: “diseñamos un pastel de chocolate fundido que se calienta muy bien”, pero la aerolínea prohibió los postres calientes en sus aviones. “Esto nos limita a hacer ciertas cosas”.

Por lo que respecta a la bebida, pone mucho hincapié en evitar lasbebidas calientes, ya que los tanques de agua caliente que se usan en los aviones rara vez se limpian.


Referente: La Vanguardia

Razones para no comer en los aviones y otros consejos

aA los que nos encanta viajar siempre queremos estar seguros de que lo estamos haciendo bien. Así que hablamos con trotamundos de todos los sectores del lujo (alimentos, vino, moda, automóviles y bienes raíces) para que nos expliquen consejos y experiencias que valgan la pena. Estos son los «Ilustres Consejos de Viaje».

Melissa Biggs Bradley es la fundadora de la firma de viajes de lujo Indagare. Su club de viajes está basado en la membresía de 1 Percenters, conocida por organizar viajes casi imposibles: desde fletar aviones y yates hasta pasar noches en islas privadas de multimillonarios.

Cuando no planea excursiones para otros, Biggs Bradley pasa entre tres y cuatro meses en carretera y vuela alrededor de 320,000 kms al año. «No soy leal a ninguna aerolínea. Para mí, lo más importante es la conveniencia de la época», explica ella aunque recomienda Delta en Estados Unidos y las cabinas Premium de Air France y Cathay Pacific.

Vive en la ciudad de Nueva York con su esposo y sus dos hijos adolescentes.

El secreto de la tripulación de cabina para evitar el desfase horario

No como nada en los aviones. He hablado con muchos miembros de tripulación sobre esto y es un secreto de azafata. Hace diez años, me encontré con una auxiliar de vuelo de Singapore Airlines en el vuelo más largo del mundo del momento (17 horas desde Singapur a Nueva York). Ella me dijo que su truco era no comer en el vuelo. Básicamente porque, a una altitud tan alta, el sistema digestivo se cierra completamente. Alguien me dijo que es como estar bajo anestesia. Así que cuando sales del avión todo se reinicia y (tu sistema digestivo) tiene mucho más trabajo que hacer y te hace sentir más cansado.

La mayoría de la gente come en exceso porque es una diversión o porque es una buena manera de pasar el tiempo. Incluso el mejor alimento de avión tiene exceso de sal y está conservado de tal manera para que pueda calentarse en el microondas. Así que suelo comer algo un par de horas antes de subir al avión y bebo mucho agua. Realmente me siento mejor. Volé a París la semana pasada. Salí a las 10 de la mañana y cuando aterricé, disfruté de un almuerzo fabuloso sin sentirme culpable por nada.

¿Cómo encontrar una recomendación local en una ciudad donde no conoce a nadie?

Para mí, los viajes no es tanto a dónde vas sino qué es lo que te encuentras cuando estás allí. Cuando vas a otra ciudad siempre quieres tener el nombre de alguien para pedirle recomendaciones. Un amigo mío me dijo que uno de sus consejos es siempre ir y buscar un restaurante con una mesa común en cualquier lugar que va. Es una forma instantánea de interactuar con la gente local.

El seguro de viaje es vital, pero también el seguro de estómago

Hace varios años, estaba en Delhi y salí a cenar. Inmediatamente empecé a notar que estaba sufriendo una intoxicación alimentaria ya que era la primera vez que estaba en la India. Así que un amigo me dio un frasco de probióticos: tomé dos o tres píldoras y la sensación de mareo se curó inmediatamente. Desde entonces, lo llevo siempre que viajo: los Pro-15. También tomo píldoras Pepto-Bismol. Los probióticos acumulan bacterias sanas en el intestino y el Pepto-Bismol actúa como un profiláctico que recubre la vía digestiva como si fuera una manga protectora y ayuda a filtrar los organismos en el agua o en los alimentos contaminados.

A veces es más inteligente no alojarse en un hotel de cinco estrellas

En algunas ciudades (muy populares), es mejor reservar una suite increíble en un hotel de cuatro estrellas en vez de tener una habitación de categoría más baja en uno de cinco estrellas. En Roma, por ejemplo, se puede conseguir algo realmente increíble en las suites Portrait o, en Barcelona, en el Hotels Arts vs el Hotel Majestic.

Cómo controlar a tu familia durante las vacaciones

Si estás en un viaje familiar multigeneracional, deberéis dividiros los papeles: el instructor, el documental y el que toma notas. Todos los días, alguien tiene que documentar todo, él es el camarógrafo. Alguien debe estar tomando notas y otro debe estar en la posición de líder de viaje que va a explicar lo que se va a hacer en la jornada. Todos los días se deberían rotar esos papeles. Al final del viaje verás que tendréis un expediente maravilloso. También puedes asignar a un miembro de la familia la función de editor para que se encargue de compilar todo el material en un libro de fotografías.

Cómo tener un multimillonario para subvencionar tus vacaciones

Muchos de los hoteles más increíbles del mundo son propiedades de líderes empresariales exitosos que se enamoraron de un lugar, decidieron pasar un tiempo allí y compartirlo con los huéspedes. Dietrich Mateschitz, fundador de Red Bull, tiene una isla privada en Fiji donde tiene el resort privado de Laucala. O Paul Tudor Jones, cuenta con albergues como el Sasakwa y el Sabora en una superficie de más de 141,000 hectáreas en Tanzania. Ellos no han construido esos complejos para rentabilizarlos ni tampoco para ganar mucho dinero. Son gente exitosa que se enamoró de un lugar y lo compró (invirtiendo grandes cantidades de dinero) para disfrutar. Cuando estás allí te das cuenta: quizás estás pagando USD 3,000 por noche por estar en uno de los lugares de Paul Tudor Jones. ¿Pero y el valor de la comida, las actividades y la comodidad? Pensarías que él te está subvencionando. En Laucala, pagarías cerca de USD 4,000 por noche para dos personas, con todo incluído, pero literalmente puedes estar en esa isla con todo para ti y con un equipo de 400 personas cuidando de tu estancia.

Cómo no perder la cobertura móvil por diez dólares al día

Hace unos años, un amigo me dio un Skyroam, un hotspot móvil. Tú pagas USD 10 al día y no importa la cantidad de datos que utilices en esas 24 horas. Da igual si tus hijos han de descargarse tres películas o utilizan Instagram. Incluso en una de las salas del aeropuerto, donde tanta gente utiliza el Wi-Fi y el servicio se vuelve más lento. O en un hotel donde te cobran por utilizar un dispositivo. En vez de eso, puedo utilizar Skyroam. Tengo a cinco personas conectadas y no estoy pagando la tarifa Wi-Fi. La única cosa es que tienes que revisar la conectividad antes porque no tiene cobertura en todos los países, aunque a mí nunca me falló. Hay una larga lista en su página web y funciona de maravilla en México, Italia y Japón.

Referente: Infobae

 

¿Porque la comida de avión pierde sabor?

Comida en avion.jpgAlimentos sin sabor, consistencias raras o platos resecos son algunas de las quejas más frecuentes de los viajeros. Para los especialistas no es culpa del chef ni de la materia prima elegida. Las verdaderas razones:

¿Carne o pasta? La opción es limitada cuando se trata de viajar en avión. Pero más allá de las preferencias gastronómicas en vuelo, el sabor agradable al paladar tampoco es una de las características que presumen las aerolíneas, menos si se viaje en clase turista.

El chef internacional -Daniel Buloud -reconocido mundialmente por sus estrellas Michelin- quién estuvo a cargo del menú de la clase ejecutiva y y La Premiere de Aire France durante dos años explicó que en las comidas servidas «a veces hay combinaciones raras de alimentos».

El alimento del avión tiene mala reputación por varias razones: la manera en que el alimento se prepara y se almacena, el ambiente en el cual se sirve a bordo y las condiciones del vuelo se combinan para afectar el sabor.

Según Charles Spence, profesor experimental de la psicología en la Universidad de Oxford, la responsabilidad no es ni del chef ni de la materia prima elegida, sino de la altura, que afecta el sabor.

«Antes del despegue, las líneas aéreas congelan las comidas pre-hechas en el suelo y las descongelan mientras que están en aire. Aunque los aviones generalmente llegan a altitudes de unos 40.000 pies, la presión del aire en las cabinas es de unos 6.000 a 8.000 pies sobre el nivel del mar, por lo que es difícil preparar comidas frescas a bordo», resaltó el especialista.


«Las comidas se preparan de antemano, por lo que son estables durante varias horas», dijo Spence. «Entonces se recalienta en condiciones menos que ideales, lo que contribuye a la falta de sabor», puntualizó el profesor.


A su vez la tripulación tiene que servir a un número importante de personas, lo cual dificulta que el plato se ‘reseque’, dijo Guillaume de Syon, profesor del Albright College En Pensilvania.

Por otra parte, la combinación de aire seco, la baja presión y fuertes ruidos del motor en las cabinas de vuelo afectan fuertemente la capacidad de los pasajeros de oler y saborear tanto alimentos dulces como salados, según Spence.

Para que el alimento tenga el mismo gusto antes de que esté en el aire, los abastecedores de la línea aérea tienen que agregar hasta 30% más de azúcar o de la sal a una comida, concluyó el especialista

Referente: Infobae